lunes, 15 de octubre de 2007

2. EL JUEGO EN PREESCOLAR

"El juego no es sólo juego infantil. Jugar, para el niño y para el adulto..., es una forma de utilizar la mente e, incluso mejor, una actitud sobre cómo utilizar la mente. Es un marco en el que poner a prueba las cosas, un invernadero en el que poder combinar pensamiento, lenguaje y fantasía".
(Bruner, 1984)


Se hace necesario insistir que uno de los recursos metodológicos para el trabajo con los niños pequeños (y en cualquier otro nivel) es el juego

Históricamente, dentro del nivel preescolar, el juego ha ocupado un lugar central por ser considerado la actividad natural del niño y por posibilitarle dominar el mundo que lo rodea, articulando la realidad y la fantasía, el conocimiento y la emoción, el yo y el otro.


Es una actividad espontánea que permite el conocimiento, la búsqueda de estrategias, la autonomía, la vivencia de valores, la creatividad, el cumplimiento de normas, etc. Se trata de una actividad que involucra al niño en su totalidad, en los planos corporal, afectivo, cognitivo, cultural, social.


El interés que a todo niño le despierta el juego hace que éste sea utilizado por el docente con fines didácticos. Nos referiremos a este tipo de actividad lúdica en relación con el aprendizaje matemático, sin desconocer el valor que dentro del nivel tiene el juego espontáneo.


Pero, ¿cómo logramos aunar lo lúdico con la enseñanza de contenidos?


Los contenidos de los diversos campos del conocimiento se construyen y adquieren sentido en la medida en que nos permiten resolver problemas. La propuesta de trabajo con respecto a las orientaciones didácticas para el trabajo en esos campos del saber en el nivel básico es el de la resolución de problemas.


El docente, en este nivel, es quien debe proponer a los niños situaciones con carácter lúdico que impliquen un obstáculo cognitivo a superar, garantizando de esta forma tanto el interés y la motivación del niño como la construcción de saberes.


El docente debe tener una clara intencionalidad pedagógica que le permita, partiendo de los saberes, necesidades y de los intereses de los niños, plantear situaciones problemáticas que involucren los contenidos seleccionados sin perder de vista lo lúdico. Las propuestas didácticas deben aunar el placer y la diversión del juego con el desafío y el compromiso de la situación de aprendizaje.


Por ejemplo: el niño puede jugar a inventar trabalenguas tanto en su casa como en la escuela. Si lo hace en el patio de la escuela con sus compañeros y sin intervención de la docente, estamos en presencia de un juego espontáneo similar al que puede realizar en su casa. En cambio, si esta es propuesta por el docente con la intencionalidad de propiciar correctas articulaciones del lenguaje (dentro del desarrollo de la competencia fonológico – fonética), pasa de ser un juego espontáneo a transformarse en una actividad lúdica que plantea situaciones problémicas.


Es necesario rescatar juegos tradicionales, populares, "de la vereda", didácticos, reglados, para abordar intencionalmente contenidos vinculados a las diversas áreas del conocimiento. Estas situaciones que relacionan lo lúdico con el obstáculo cognitivo permiten, en el transcurso del juego, incluir nuevos problemas y reflexionar sobre lo realizado.


Dentro de nuestra área cobran especial interés los juegos reglados. Recordemos la caracterización que realizan Constance Kamii y Rheta Devries[1]:


Para que sea educativamente útil, un juego colectivo debe:


1) Proponer algo interesante y estimulante para que los niños piensen en cómo hacerlo.
2) Posibilitar que los propios niños evalúen su éxito.
3) Permitir que todos los jugadores participen activamente durante todo el juego.


Se deben tener en cuenta múltiples variables. Cuando se señala que el juego debe incluir "algo interesante y estimulante" hacen referencia a lo lúdico unido al obstáculo a resolver: El obstáculo cognitivo debe ser planteado intencionalmente por el docente a fin de lograr que el niño se apropie de los contenidos propuestos.

Considero que el tiempo que el niño pasa en la escuela no deja de ser parte de su vida y el juego no se puede sacar de la vida de los niños y niñas; siempre que no se realice un abuso y/o un mal uso del mismo, coincidiendo con Lavega cuando afirma: "no deberíamos prostituir su uso presentándolo de cualquier manera, como actividad complementaria y poco importante" (Lavega, 1995, p.12).

[1] Kamii, C. Y Devries, R., (1985) Juegos colectivos en la primera enseñanza. Madrid: Visor

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